Vivienda vacía: el mordisco del Vampiro.

Los clásicos del siglo XIX entendieron bien que el capitalismo, librado a su suerte, era un vampiro insaciable. Una bestia que se alimentaba de la energía, de la vida de los más vulnerables. En la literatura de la época podía encarnarse en un conde, en un boyardo encerrado en un castillo desde donde explotaba y aterrorizaba a la gente humilde. La metáfora no ha perdido vigencia. Siglos después,

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